martes, 15 de julio de 2003

¡Implantes extraterrestres!

Martín Bonfil Olivera

Milenio Diario, 15 de julio de 2003

El viernes 4 de julio, en un periódico de la capital, leí una noticia que me dejó perplejo. El famoso Jaime Maussán, que aparece en radio, televisión, revistas y conferencias hablando del “fenómeno ovni” y mostrando imágenes de supuestos platillos voladores, declaraba categórico que no tiene implantado un chip extraterrestre.

La afirmación, estará usted de acuerdo, sale un poco de lo común. No sólo por suponer que alguien pudiera tener implantado en su cuerpo un artefacto de origen extraterrestre. Sino porque, en todo caso, y conociendo su discutible trayectoria, uno hubiera esperado que Maussán afirmara exactamente lo contrario: que el artefacto existe y tiene origen extraterrestre.

Curiosamente, la noticia parece justo cuando Maussán acaba de lanzar su nueva página web, www.losovnis.tv, donde, según anuncia, ofrece “no sólo información sobre los ovnis, sino también sobre naturaleza, ciencia y salud”.

La página Maussán tiene varias secciones, que resultan de lo más interesante. En una de ellas, por ejemplo, se anuncian “documentos secretos”, que no son otros que los “documentos Majestic” (deben ser famosísimos, pero yo en mi vida los había oído nombrar). Sólo que, y esto es muy chistoso, en vez de presentar los dichos documentos o al menos dar una idea de su contenido, la página sólo muestra una foto de la primera página. Y ya.

Otra sección habla de los círculos que han aparecido en los campos de trigo (¿recuerda usted la película Señales?). Los ovniólogos afirman que son hechos por extraterrestres, pero está ampliamente probado que son producto de humanos muy bromistas, y que son relativamente fáciles de hacer.

Hay otras secciones, pero apuesto que la favorita de Maussán es la tienda. Claro, no podía faltar la oportunidad de vender los productos de años de trabajo de este comunicador, quien ha venido juntando un público siempre dispuesto a maravillarse con los secretos de nuestros amigos extraterrestres. Videos, DVDs, libros, membresías a la página (?), todo se puede adquirir en forma cómoda y segura por internet, mediante una tarjeta de crédito. Pero no vaya usted a penar que se trata de un negocio. Se trata sólo de un “servicio” más que este “audaz investigador”, como se modestamente se describe a sí mismo en su semblanza (casi me dan ganas de llamarlo héroe) ofrece al público mexicano, para mantenerlo alerta sobre este importante fenómeno.

La pregunta que uno se hace es, ¿de veras habrá gente que crea en estas cosas?. La respuesta, por desgracia, es positiva. La credulidad del público cuando se trata de fenómenos paranormales, seres extraterrestres y demás, es ilimitada, y gracias a ella personas como Maussán hacen negocio. (Otra pregunta interesante, aunque incómoda, sería “¿realmente cree Maussán en todo ello?”.)

Las pruebas en que se sustenta la creencia en platillos voladores son prácticamente inexistentes. Ninguna de ellas, ni fotos, ni fragmentos de naves, ni testimonios de personas “abducidas”, han resistido el más elemental análisis por expertos. ¿por qué entonces cree la gente en ello? Quizá por la necesidad de creer en que hay algo maravilloso en este mundo tan lleno de malas noticias.

Y sin embargo, visto desde un punto de vista científico, todas las “maravillas” que el “fenómeno ovni” ofrece a sus fans palidecen ante el verdadero conocimiento científico. A diferencia de lo que ofrecen los ovniólogos, la ciencia nos ofrece una visión del mundo que puede entenderse (no sólo creerse). Visión que, además, evoluciona, es decir, aprende de sus errores y los va corrigiendo, en un afán de acercarse lo más posible a la realidad. No es, como ha dicho Maussán, que los científicos sean “muy cerrados”, sino que no quieren dejarse engañar por lo que quieren creer, y se fuerzan a aceptar sólo los hechos que están respaldados por evidencia.

En realidad se trata de la lucha entre dos visiones opuestas del mundo. Una, la seudociencia, busca reconfortar, asombrar y presentar historias muy interesantes, siempre y cuando vendan bien y sean fáciles de entender. La verdadera ciencia, en cambio, cuesta un poco más de trabajo de entender y a veces nos decepciona, como cuando nos dice que lo que habíamos creído hasta ese momento resulta no ser cierto, o cuando nos confiesa no tener respuesta para nuestras preguntas. Pero pregúntese usted, querido lector o lectora, ¿cuál se parece más a la vida real y cuál a un bonito cuento de hadas? (Claro que no tiene nada de malo disfrutar los cuentos de hadas, pero de ahí a creer que se vive en uno, y todavía más, a cobrar por ello, hay un gran trecho).

Para terminar, quisiera aclarar que a mí nunca se me ocurriría pensar que el señor Maussán estuviera aprovechando este minúsculo escándalo para hacerle propaganda a su nueva página web. Aunque, gracias a ello, logró ver publicada su dirección en el periódico que leí (y también en éste, ahora que lo pienso...). Aunque los políticos utilizan estrategias de este tipo para conseguir publicidad gratis, estoy seguro de que el Señor de los Platillos Voladores sería incapaz de lanzar un rumor por internet sólo para tener la oportunidad de desmentirlo y aparecer así en la prensa, a tiempo de presentar su nuevo proyecto. No, yo nunca pensaría tal cosa.

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