domingo, 26 de febrero de 2017

La crisis de las vacunas

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM
Publicado en Milenio Diario, 26 de febrero de 2017

El pasado 14 de febrero, Milenio Diario publicó una nota inquietante. “Sin vacunación completa, 60% de niños mexicanos”, anunciaba el encabezado.

La nota, con información emitida por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la Secretaría de Salud, está basada en la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres (ENIM) 2015, realizada por el propio INSP conjuntamente con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Milenio destacó esta información de entre una enorme cantidad de datos que describen el estado de mujeres, niños y niñas en nuestro país, como por ejemplo los porcentajes de lactancia, nutrición, salud, características de los hogares, salud reproductiva, alfabetización, actitudes ante la diversidad sexual, trabajo infantil, conocimiento y actitudes ante el VIH/sida y otros temas.

¿Por qué, entre toda esta riqueza de datos, centrarse en el asunto de las vacunas?

En mi opinión, porque el tema es urgente y grave. El informe es resultado de la aplicación en México de la encuesta MICS (Multiple Indicators Cluster Survey), que se lleva a cabo internacionalmente y que proporciona información que permite comparar el avance en la protección de los derechos humanos de infantes y mujeres en los distintos países, para poder diseñar políticas al respecto. Y entre los datos que el informe ofrece en particular sobre el tema de la vacunación figura que menos de un 35% de los niños de entre 24 y 35 meses han recibido completas sus vacunas, según lo recomiendan los organismos internacionales de salud y el Esquema Nacional de Vacunación. También que al 54% le hacen falta una o más vacunas para completar su esquema, lo que idealmente debería lograrse antes de cumplir un año. Y más preocupante: un 6% de ese mismo grupo de infantes no había recibido ninguna vacuna.

Pero el informe tiene además algunas sorpresas: contra lo que uno podría esperar, la región que presenta los mayores rezagos en la cobertura de vacunación en el país es la zona conurbada de la Ciudad de México-Estado de México, “donde el 9% de los niños y niñas de 12 a 23 meses no habían recibido ninguna vacuna”. Además, los hogares que tienen el menor porcentaje de cobertura en el país son tanto los más pobres (9%) como los más ricos (8%); los que tienen mejor cobertura son los de nivel medio. Pero en general, añade el informe, “Los niños y niñas residentes en zonas rurales presentaron prevalencias más elevadas de cobertura de vacunación, (…) comparados con los niños y niñas residentes en zonas urbanas”.

¿Cómo explicar estos datos, que contradicen nuestras expectativas? Probablemente parte de la respuesta sean las intensas campañas de vacunación que se llevan a cabo en regiones rurales, mientras que en las ciudades la vacunación depende más bien de la iniciativa de los padres.

Pero yo tengo la sospecha de que también la difusión de ideas carentes de base científica, pero preocupantemente populares, sobre los inexistentes “daños” que las vacunas pudieran causar en los infantes están comenzado a influir en los niveles de vacunación de nuestro país.

Como se sabe, desde que en 1998 el médico inglés Andrew Wakefield publicara un artículo fraudulento en la famosa revisa médica The Lancet, donde supuestamente probaba que la vacuna triple viral o SRP (que protege contra sarampión, paperas y rubeola) podía tener relación con el autismo en infantes, surgió en muchos países un movimiento antivacunas que, a pesar de toda la evidencia en contra de sus afirmaciones, se ha extendido y está causando graves daños.

Wakefield, cuyo artículo fue retirado luego de comprobarse su falta de bases, y a quien le fue retirada la licencia de médico bajo cargos de mala conducta científica, culpaba al timerosal, un compuesto que contiene mercurio y que se usaba como conservador en las vacunas, de causar el autismo. Aunque se sabía que las dosis de timerosal usadas eran perfectamente inocuas, hoy prácticamente se ha dejado de utilizar, luego de la controversia causada por el movimiento antivacunas.

No obstante, dichas peligrosas ideas siguen propagándose. Hoy, mientras aumentan los casos de brotes de enfermedades que se consideraban y a controladas en Estados Unidos y Europa, y mientras el presidente Donald Trump nombra a un reconocido representante del movimiento antivacunas, Robert Kennedy, Jr., como miembro de un comité para investigar ¡la seguridad de las vacunas!, en México cada vez más personas expresan abiertamente su intención de no vacunar a sus hijos. La perspectiva para la salud empeora.

Ojalá me equivoque, pero me temo que tendremos que reforzar las campañas de información y educación, junto con las de vacunación, o podríamos enfrentar el resurgimiento de flagelos del pasado.

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Contacto: mbonfil@unam.mx

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